El “Efecto Mundial”

En cualquier torneo de repercusión internacional surgen algunos “jugadores revelación” que tras cuajar una buena actuación durante la competición, ven como su reputación y consecuentemente su precio ascienden de manera exagerada. El caso que más claramente permanece en la mente del aficionado es el de Milan Baros en la Eurocopa de Portugal, pero desde Secretario hasta el senegalés Diouf ha habido jugadores que se han aprovechado de este fenómeno.

Este Mundial de Sudáfrica está siendo un poco decepcionante en cuanto a juego, pero no va a ser menos en este aspecto. Hay muchos más, pero estos son los cuatro jugadores que más expectativas exageradas están creando.

El primero de ellos ya ha alcanzado el valor de “crack” absoluto. Me estoy refiriendo a Mesut Özil, sin duda el gran fenómeno del torneo. No estoy diciendo que este alemán de origen turco sea un mal jugador, ni mucho menos. Todo lo contrario, Özil es un gran jugador cuyo futuro es prometedor, y de hecho el Werder Bremen ya tenía planeada su venta con destino a un gran club antes del comienzo de la Copa del Mundo. Sin embargo, creo que no debe cegar a nadie su buen papel con la selección germana. Özil es aún muy joven y debe pulir varios aspectos de su juego, especialmente su finalización. No creo que, como parecen indicar algunos periodistas, sea capaz de asumir plena responsabilidad en un equipo puntero, aunque me encantaría equivocarme en esta ocasión.

Otro futbolista acerca del cual se ha escrito mucho es el portero nigeriano Enyeama. Tras la gran actuación ante Argentina, en la que el guardameta consiguió impedir de manera brillante que Messi anotara su primer gol del campeonato, su cotización se ha disparado. Sin embargo, el cancerbero de las “Águilas Verdes” cometió posteriormente un error garrafal frente a Grecia y otro no menos grave en el partido que enfrentó a Nigeria contra Corea del Sur. Enyeama muestra las mismas carecterísticas que la mayoría de porteros africanos: unos reflejos espetaculares y una alarmante irregularidad que le lleva a cometer errores infantiles. Su nombre ha sonado para reforzar al Sevilla, algo que me parece por completo desproporcionado. Compite con Kameni por el título virtual de “mejor portero de África”, y si el techo del camerunés es un club de media tabla de España, no creo que Enyeama sea válido para algo supieror.

Fabio Coentrao, que está muy cerca de firmar definitivamente con el Bayern de Munich, ha sido otra de las sensaciones del campeonato. Interior izquierdo reconvertido en lateral por Queiroz para la selección portuguesa, otros grandes clubes europeos como el Real Madrid o la Juventus contactaron con el Benfica interesados en su contratación. Sin embargo, pese a la apariencia sólida que ha demostrado en este Mundial de Sudáfrica, Coentrao no es ni de cerca un crack y el fracaso en una liga más competitiva -entiendo Inglaterra, España e Italia- estaría casi garantizado. Dado que no es un lateral puro, sus limitaciones a la hora de defender son evidentes, y no creo que sean compensadas por sus correctas aportaciones al ataque.

Por último quiero mencionar al central brasileño nacionalizado japonés Tulio Tanaka. Convertido en hazmerreir tras su doblete en propia puerta frente a Inglaterra y en objetivo de todas las críticas tras la desafortunada lesión de Drogba, el defensa nipón ha realizado un torneo espectacular. Firme en la zaga junto con Nakazawa, suyo es parte del mérito de que la selección asiática alcanzara unos meritorios octavos de final. La balanza se inclina de repente hacia el lado contrario y en este momento todo son elogios para el defensor del Hiroshima. Tulio es un jugador muy poderoso en el juego aéreo y con cierta capacidad para sacar el balón controlado, pero sufre ante delanteros rápidos y habilidosos. Los equipos deberían tener en cuenta sus características antes de realizar una inversión precipitada.

Otros futbolistas como los ghaneses Gyan o Annan, el japonés Honda o el portero neozelandés Paston podrían ser incluidos también en esta lista, aunque el ser consideradas víctimas del “efecto mundial” dependerá en último término del ímpetu de los equipos que se decidan por su contratación.

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